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Desde
las cumbres meridionales, los ríos torrenciales, arroyos,
pandos y fuentes comienzan un descenso accidentado de pozos y
cascadas hasta serenarse en el valle medio.
Esta zona de la región alberga un paisaje de valles
estrechos, afronterados de montañas, con las aldeas y casas
pegadas a la vera amorosa de las aguas, con los muros musgosos y
hermanados a las viejas calzadas históricas, que hoy son
serpenteantes carreteras. Los valles han sido habitados desde la
prehistoria y resguardan nombres pretéritos de la Cantabria
feudal, romana ó gentilicia. Los cursos fluviales, dejándose
caer sonoros por los desfiladeros calizos, después del valle
medio reensanchan en rías marismales y arenosas. Pierden
entonces sus fronteras ribereñas de sauces, robles y
avellanos, hasta fundirse con el mar.
A Cantabria le han tallado sus ríos con largas
cicactrices hondas y amorosas y ellos son los creadores de su
belleza genuina. De occidente a oriente, el Deva, el Nansa, El Saja,
el Besaya, el Pas, el Miera, el Asón y el Agüera,
modelan día a día con sus aguas comarcas de bellezas
sorprendentes. Gargantas, desfiladeros, riberas de alamedas serenas
y rías espejeantes han grabado esta tierra de cumbre con tal
fuerza que, al igual que en la costa, los paisajes y paisanajes se
suceden, variopintos y dispares, de un extremo a otro de la región.
Recorriendo estos senderos de orilla, bosque y montaña, tan
caprichosos con los propios ríos, o deslizándose sobre
sus aguas alborotadas o mansas en PÌRAGUAS, RAFTING o
HIDROSPEED. Estas y otras prácticas nos permitirán
conocer Cantabria, conquistarla valle a valle. |
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